martes, 27 de junio de 2017

Con las alas puestas

Que sangramos por las heridas es algo que ya teníamos en claro desde antes, pero nunca supimos que era tan literal.
Que somos marcados por nuestras cicatrices es algo que también lo sabíamos, pero no tuvimos en cuenta que podían llegar a doler tanto.
Lo que más nos importa es lo que más felices nos hace y lo que más nos puede destruir.

El camino parece eterno
y siento que mil abismos nos separan.
Las voces del pasado retumban por todas las paredes y cada vez son más fuertes.

Tus abrazos, que tan inmensos parecían,
cada vez se van haciendo más chiquitos.
Tus consejos, que tan acertados sonaban,
van perdiendo validez con el paso de los días.
Tus pasos, que tan fuertes sonaban,
fueron silenciándose
Tu mirada, que tanta calma daba,
se fue apagando.

Ahora caminamos por un campo minado donde
jugamos con espadas,
peleamos con dragones y
luchamos contra el inconsciente.
Ahora caminamos por un laberinto que nos atrapa,
que amaga con no dejarnos salir,
pero cuando ve que no nos rendimos nos muestra la salida más fácil.

El tiempo pasa, las heridas sanan,
las cicatrices se borran.
Pero hay pérdidas que son eternas.

El dolor desaparece, pero cuando todos los recuerdos vuelven a pasar por el corazón, un nudo en el estómago es más fuerte que nuestro consciente.
El dolor se va desvaneciendo, pero las lágrimas y la memoria casi siempre son más rápidas que el orgullo y la calma.
El dolor amaga con irse del todo, pero la realidad es que nunca es así.
Él va dejando migajas de todo lo que fue.

Y sí, mis cicatrices todavía arden y mis heridas todavía sangran.
Así que esta noche dejame que me duerma con las alas puestas, a ver si aunque sea subo un rato para saludarte.

domingo, 25 de junio de 2017

Tu corazón habla por vos

No es que siempre quiera escribir cosas tristes,
pero hay recuerdos que se hacen lágrimas que necesito descargar.
Hay días en que nosotros nos vamos de nuestros cuerpos,
todos estamos fuera de sí.
No actuamos por nosotros mismos, no reaccionamos por voluntad propia,
sino que en esos momentos
todos los fantasmas que siempre quisimos esconder son los que salen a la luz.

(Después de todo Borges tenía razón, sólo somos ese montón de espejos rotos)

Sonreír sin ser feliz
Fingir que no duele
Silenciar sentimientos
Ahogarse en palabras mudas
Callar la voz del alma
Sentir la falta de tus besos
Venderle el alma al diablo.
Esas y mil formas más de ir muriendo paulatinamente.

Nosotros no vamos a querer hablar. Juguémosla de callados. Bien, dale. Total aca no pasa nada.
Entonces, un día cualquiera que venía amagando a ser igual que el anterior, lo único que hacemos es explotar. Romper en llanto. Descargar cruces que cargamos sin ningún sentido.
Pensamos que esta todo bien, hasta que cuando nos llega la hora, somatizamos por cualquier lado posible.
O lloramos, o nos enojamos, o discutimos o nos frustramos. Dejamos de entender el sentido de las cosas e intentamos encontrárselo a absolutamente todo.

Yo me culpo porque sé que lo que hago tiene consecuencias.
Yo me culpo porque sé que dentro mío pasa de todo, pero mucho más fácil es callarme, no decirle nada a nadie, no dar excusas de nada, no justificarme y mucho menos confesarme. Hasta que llega la erupción.

Por ahí sea cierto que el corazón habla sin que le demos permiso.
En cada uno de nuestros actos reflejamos quiénes somos.
Dándole un abrazo a los que lloran,
ofreciéndole una mano a los que se pierden,
prestándole un hombro a los que necesitan desahogarse.

Porque incluso cuando uno está destrozado por dentro, sigue siendo capaz de darle una mano al otro.
Qué loco todo lo que uno puede llegar a hacer por amor. Todas las locuras que hacemos por las personas que queremos sin siquiera darnos cuenta.

Porque no nos entendemos ni a nosotros mismos, pero ayudamos a los demás a que puedan entenderse. Porque damos consejos sinceros que nacen desde quién sabe dónde que podríamos aplicar tranquilamente, pero por alguna razón cuando pensamos en nosotros ni se nos pasan por la cabeza.

Nos callamos nuestros sentimientos creyendo que de esa forma se podrían llegar a ir,
pero nuestro corazón se encarga de mantenerlos más vivos que nunca.

Es nuestro corazón el que se encarga de gritar todo lo que tanto nos esforzamos por esconder. Y creeme que no hay nada como un corazón sincero, ardiendo en plena pasión de vivir milagros día a día.

> sólo el amor convierte en milagro el barro, sólo el amor consigue encender lo muerto, sólo el amor sacude el corazón únicamente con miradas <

sábado, 6 de mayo de 2017

Este otoño es puro añoro

Sábado suele ser sinónimo de aventura mezclada con algo de locura pero también, muy de vez en cuando, es tranquilidad mezclada con nostalgia.
Hoy es más nostalgia que tranquilidad pero más locura que amargura y más añoro que de costumbre.

Es culpa de este otoño gris que los recuerdos caigan en el balcón como si fueran hojas fáciles de barrer.
Pero no: sólo me ahogo en el intento de convencerme de que nada queda y me pierdo en miradas que hubiera jurado olvidar hace tiempo.
Sí, soy la más trillada, soy un cliché andante. Soy las frases más usadas, las canciones más bailadas, soy ese cuento del cual todos conocen el final; pero esa es la gracia de las penas de la juventud, sentir que todas son iguales cuando en realidad son polos opuestos.

La vida es eso, un cambio continuo pero también repentino, una sorpresa de diferentes aventuras que pueden o no estar esperándonos en la cuadra de enfrente. Es un desencanto bastante agraciado, una secuencia de milagros y cosas increíbles. Un tira y afloja entre cabeza y corazón, una sensación de soledad permanente pero al mismo tiempo esa explosión de sentimientos fuertes, ese amor incomprendido por quien lo siente y por quien lo recibe.
Hay que entender que no todo es blanco o negro, que hay cosas que van más allá de nosotros, que las miradas -por más profundas y sinceras que parezcan- a veces también engañan, que no todos los besos están previstos, que hay pasiones que no pueden ser negadas. Que el dolor a veces es inevitable pero también necesario, que el amor no es dolor, que un tropezón no es fatal, que la vida puede ser un precipicio para quien no la sabe aprovechar, que siempre se puede renacer de las cenizas, que el tiempo es nuestro, que cualquier pretexto resulta bueno si es para querernos, que somos más fuertes de lo que creemos, que nuestra prioridad principal somos nosotros mismos y que si hay amor no hace falta nada más.

Nunca supe escucharme así que sólo seguí insistiendo en nadar mares llenos de tiburones.
Nunca supe entender que nada está escrito de antemano, que no es culpa mía que las cosas no sean seguras.
Nunca supe ver todo el mundo que guardo y encierro inconscientemente en mí misma, provocándome síntomas de autodestrucción y generando grietas de dolor de las cuales no me entero hasta que estoy completamente rota.
Porque la verdad duele y la única certeza que tengo es que no sé nada.
No sé qué me está esperando en este otoño que bastante gris arrancó, pero quiero tenerte al lado mío.
Quiero poder aguantar la desesperación que me genera el no saber qué hacer.
Quiero poder sostener todo lo que tanto me costó construir sin necesitar pedir ayuda a los gritos.

En este atardecer el cielo está prendido fuego y sus matices son tan distintos pero tan acordes que encajan a la perfección. Me abro paso entre las estrellas y busco allá arriba las miradas de los que ya no están más acá abajo.
Estoy levantando vuelo, estoy tocando el cielo.
Estoy dejándome ser.
Estoy viviendo en el desvelo para mezclarlo con anhelos de cosas imposibles,
porque todavía queda en mí el privilegio del deseo.

Es otoño y es época de recuerdos penosos, lastimeros, felices y amorosos.
Es sábado y es día de tranquilidad y nostalgia: hoy no hay aventura ni locura, excepto que consideremos una locura el animarnos a entrar en nuestras propias cabezas.

Después de todo, quizá sea la desventura de esta noche la que hizo que todo surta efecto en mí.

viernes, 5 de mayo de 2017

Llego tarde como siempre

Llevo marcas en mi cuerpo de las que no puedo escapar. Llevo palabras en mi boca que no quieren salir. Llevo sentimientos en mi corazón que no quieren dejar de manifestarse. Llevo amores que no quieren volver. Llevo noches que quieren ser revividas. Llevo pesos que hay que dejar de intentar sostener. Llevo cruces en mis hombros que no quieren dejar de existir. Llevo y traigo. Llevo tanto que, de paso, dejo que todo me lleve a mí.
No sé ni a dónde estoy yendo, pero por las dudas vamos. Yo te acompaño.
Voy con la corriente pero cuando me avivo me mando en contramano, para ver qué tan caótico es el mundo que gira siempre para el mismo lado.
Qué intenso que es todo. Todos corren para algún lugar, todos creen estar llegando tarde a algún lado, todos van y vienen, llevan y traen, pero sólo piensan en la salida o entrada la llegada; nunca en el camino.

Corren buscando refugio del caos sin darse cuenta que son ellos mismos quienes lo crean. Caminan todos los días por las mismas cuadras pero sin embargo no saben distinguir cuando algo en esas calles cambian.

Pobres. Es una lástima.
No entienden porque no quieren y van de aca para allá con miedo de llegar tarde. El tema es que ellos no están acostumbrados. Yo hace años llego tarde y nunca me pasó nada. Siempre llegué tarde a mí misma, y sí, perdí el refugio que los demás tanto buscan, pero no lo perdí por llegar tarde: lo perdí porque dependía de alguien más, que estaba tan acostumbrado a llegar temprano a todos lados que se adelantó meses en lo que fueron un par de horas.

Así que sí. Llego tarde, no tengo refugio y todavía no sé cuándo voy a llegar a destino, pero por lo menos disfruto el camino. Lloro en él, río y trato de entenderlo. Así como la felicidad no es felicidad sino hubieras conocido la tristeza, el desamor no es desamor sin haber conocido el amor y la llegada no es verdadera si te perdiste de todo el camino. Porque puede que te pierdas en el camino, pero al perderte de él, al escaparle, ya perdiste todo.

Viví intensamente
pero que no sea esa intensidad la que
haga que te pierdas de vivir.

viernes, 28 de abril de 2017

El suicida sentimental

Enamorados aún sin haberse conocido,
se soñaron mutuamente en una fría noche de Julio.

Pasó un año y él todavía la tiene en su memoria.
Tantas cosas compartidas,
noches de desvelo
ropa tirada en el living
copas de vino blanco
boquitas pintadas
atardeceres de palermo
sueños de carretera
flores de alquiler.
De todo ya no queda más que el recuerdo
que ahora lo atormenta
y la duda de por qué ella tuvo que alejarse
si todo marchaba bien.

Recuerdo que a él, mirarla le dolía,
dejaba en su boca el sabor de la amargura.
Su casa se llenó de fantasmas
los cuales no lograron suplir su ausencia
y fue tanta la desesperación ante su turbulenta memoria
que también decidió irse,
imitándola a ella.

Ya no más
noches de pasión y desvelo
no más ropa tirada en el living
copas de vino blanco
boquitas pintadas
atardeceres de palermo
sueños de carretera
flores de alquiler
Ya no sirven de nada
un te quiero
un lo siento
una excusa
un beso
una caricia
un adiós.

No será más que otro suicida sentimental
que no supo reaccionar ante el dolor,
que no tuvo el coraje de soportarlo
y cargarlo como una cruz por el resto de sus días.

Entonces apretó el gatillo y la bala salió disparada.
Ya era tiempo de que se reencontraran.